Juan Dual “Vacío”: vivir sin estómago y convertir la muerte en motor de aventura

Autor: Timoty Kalton

10 minutos de lectura e inspiración

A la edad de 13 años fue diagnosticado de una enfermedad rara: Poliposis Familiar Múltiple, un trastorno genético hereditario que causa el desarrollo de pólipos precancerosos en el aparato digestivo.,
Para evitar el cáncer, desde los 19 años, se ha sometido a tres intervenciones quirúrgicas, todas ellas de alto riesgo, en la que le fueron extirpados órganos-diana de potenciales carcinomas. Los primeros, el colon y el recto, que le extirpan a caballo entre el instituto y la universidad. Y posteriormente, a los 27 años, vuelve al quirófano donde le extraen preventivamente el propio estómago y la vesícula biliar inesperadamente debido a una complicación postquirúrgica.

Complejas cirugías que en tres ocasiones le han puesto cara a cara con la muerte.

Desde entonces, la vida de Juan Dual, Juan ‘Vacío’, como le apodan cariñosamente, es un desafío permanente y una demostración de amor por la vida. La devora cada día como si fuera el último. Lleva catorce años participando en infinidad de pruebas extremas de ultra resistencia, ultra distancia y autosuficiencia, tanto en trails de montaña, como en grandes maratones en bici y bikepacking, que son su modus vivendi, su leit motiv vital. Una suerte de elixir de eterna juventud que alimenta e impulsa la pasión de exprimir cada instante.

Popular influencer con alta presencia en las redes sociales, comunicador, conferenciante en institutos, universidades, coach en empresas y en eventos deportivos a sus 40 años hoy Juan sigue acrecentando su perfil personal y enriqueciendo su peripecia vital como agente motivador e inspirador. Ahí queda por ejemplo la admirable iniciativa que tomó en los fatídicos días de la DANA que asoló la Comunidad Valenciana en octubre de 2024. En aquel maremágnum fue capaz de implicar y movilizar en pocas horas a cientos, luego a miles de bike riders en una llamada urgente para acudir a prestar ayuda y llevar productos de primera necesidad a los vecinos de la zona cero en Paiporta, bloqueados los accesos por barreras insalvables de vehículos amontonados, barro, escombros y restos de la catastrófica riada. Su llamada a la acción prendió como la pólvora y la ayuda llegó a su destino a golpe de pedal. Consiguió además que marcas deportivas aportaran botas, palas y otros productos para la causa puesta en marcha.
Un ejemplo de carisma, pasión y vitalidad que contagia.

 

 

Vivir sin órganos fundamentales

A partir de la extirpación del estómago todo lo que es tu día a día, el hecho de comer algo tan normal como unos macarrones o un simple arroz blanco se convierte en una tortura. Cuando me quitan el estómago, me fabrican uno artificial con un trozo de intestino delgado y, como ese depósito aún no está preparado, es horrible. Hasta que se adapta esa parte del cuerpo tienes dolor, sensaciones de malestar, náuseas, vómitos. Recuerdo haber dicho: ¡socorro, que alguien me mate!

He normalizado muchísimo desde temprana edad la enfermedad porque me he criado con ejemplos muy vivos cerca de mí. Tanto a mi padre como a mi primo mayor les habían quitado el colon y el recto. Mi padre había trabajado siempre, me había tenido a mí, a mis hermanos y hermanas y hacía una vida de curro normal y corriente. Y con mi primo trabajé en una nave de carga y descarga de camiones en Paterna. Me decía a mí mismo: si mi padre y mi primo pueden currar, ¿por qué no yo? A mí también me van a tener que quitar el colon y el recto… va a ser una mierda, pero es no tan grave.

El problema viene cuando en los controles, de rebote, te advierten que tienes pólipos en el estómago. Sabes que puede pasar, que hay probabilidad alta pero no tan alta como con el colon y el recto, pero no cuentas con ello. Y de pronto, ¡joder, mierda, sí te va a pasar! Fue todo tan rápido porque había peligro, que no te da tiempo a pensar en si puedes, si no puedes… ‘¡Te vamos a operar ya!’ Pues nada, gracias.

Perder el 50% del peso… 

En ese sentido limitaciones no, porque no había sido operado todavía, y me hacía controles cada año. Y deporte sí, en aquella época en el cole tenía escuelas deportivas, jugaba al basquet, que me flipaba y me flipa.

Después del instituto, desde los 19 hasta cuando me operaron del estómago a los 27 años, empecé a ganar peso. Pasé a una vida bastante sedentaria, soy alto, mido 1,86m, pero antes de la cirugía llegué a pesar unos 106 kg. No practicaba deporte, iba al monte pero para comerme una parrillada con los amigos.

 

Cuando me quitaron el estómago y la vesícula biliar, sin tener ya ni el colon y ni el recto, pasé de pesar 106 kg a 57 kg en tres o cuatro meses. Ahí vino la jodienda, porque perdí en un trimestre el 50 por ciento de mi peso. No podía prácticamente caminar. Bajar simplemente a tirar la basura o ir a comprar el pan era algo que no podía hacer. Tenía que parar y sentarme en un banco sin fuerza para absolutamente nada.

“Cuando me quitaron el estómago y la vesícula biliar, a los 27 años, sin tener ya ni el colon ni el recto, pasé de pesar 106 kg a 57 kg en un trimestre”

 

Sortear la muerte y perder el trabajo

Entras en una dinámica de ¡puta mierda! Porque yo estudié enfermería, esaba trabajando en el hospital. No es que me despidieran, es que yo no podía trabajar. Me dijeron: no sabemos cuánto tiempo vas a estar de baja, nosotros te pagamos la indemnización, nos encargamos de arreglar todo el tema del paro y demás, pero claro, no sabemos cuánto va a durar esto. Entonces perdí independencia económica al carecer de trabajo, no podía pagarme el alquiler del piso en Barcelona, así que tuve que volver a la casa de mis padres… Entonces entras en una especie de barrena: ¡menuda mierda! Tienes 27 años a punto de los 28 y te preguntas: ¿qué voy a hacer con mi día a día? ¿Voy a ser un despojo para el resto de mi vida?

Soy una persona muy cabezota y en aquella época no existía Netflix y demás y me dije: no me voy a quedar quieto aquí en el sofá de mi casa por el resto de mi vida. Y era justo cuando nacía el boom del running.
Yo soy de Valencia y los colegas de mi núcleo de amistades cercano empezaron a cambiar salir de farra por salir a correr
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El enemigo vive arriba
Cuando me juntaba con los colegas había, de una parte, un grupo de gente que hacía deporte y los problemas de coco, de curro, de familia, los drenaban. Cuando nos juntábamos hablábamos de mil historias pero de movidas no. En cambio, con el grupo de gente que no hacía deporte cuando nos reuníamos sí que se hablaba de movidas. Hice mucho análisis de lo que estaba pasando… y atando cabos entendí que la gente que se movía –sin pensar yo en correr, claro– tenía el coco bastante más calmado. Porque al final, cuando no puedes moverte prácticamente nada y tienes una cabeza muy muy activa como es la mía, te dices: el enemigo vive aquí arriba (señalándose la cabeza), no es ni tu suegro ni tu suegra, ni tu jefe, ni tu pareja, ni tus padres. El enemigo vive aquí arriba. Y me dije: tengo que empezar a moverme. Así que comencé a caminar sin reloj, gps ni nada, con el simple objetivo de no para y volver a casa. El primer día llegué hecho polvo después de hacer dos kilómetros en dos horas y me fui a cenar y a dormir. Planchado. Me levanté al día siguiente y había dormido muy bien, sin ruido de cabeza. Volví a probarlo al día siguiente. El bicho del coco seguía completamente callado. Empecé a convertirlo en mis rutinas, a las tres o cuatro semanas comencé a caminar-correr y a las tres o cuatro semanas estaba haciendo unos 50 kilómetros semanales trotando sin más objetivos. Había estado a punto de morirme dos o tres veces, estaba vivo, el bicho que vivía en mi cabeza estaba en silencio y encima con el movimiento mi cuerpo me pedía comer más. Estaba ganando peso y masa muscular. Entonces poco a poco pasé de ser ese despojo humano de 57 kilos

Después nos hemos reído, pero en aquel tiempo si a mis colegas les decía que quería ir a un museo o a un parque de atracciones o lo que fuera, ellos me decían sí a todo porque sabían que me estaba muriendo. Me estaba consumiendo.



Familia y amigos, un factor clave en esta transición

Al principio en mi familia no me entendían, pero pronto se dieron cuenta de que me hacía mucho bien. Mi familia no practicaba deporte, lo empezó a hacer a raíz de ver el efecto positivo en mí. Somos siete hermanos y cinco estamos operados. Teniendo en mente que el hermano mayor hace deporte y le sienta bien, de rebote han ido haciendo deporte. Mis hermanas todas van en bicicleta al trabajo, mis hermanos también. En fin, todo el mundo en mi casa, menos mis padres, se mueven. Han pillado esa inercia.

Mis colegas, siempre a fuego y a tope

Entonces cuando yo empecé a comunicarlo y a compartirlo en redes sociales, que me convertí en referente, sirvió para confirmar que lo que estaba haciendo era bueno.

Por su parte mis colegas siempre han estado ahí apoyándome. Hay cinco de ellos que nos conocemos desde los 16 años, desde antes de mi primera cirugía. Hemos pasado juntos y juntas pruebas médicas, todas las cirugías en las que casi muero tres veces, me han visto en la mierda más absoluta, hasta ahora que estoy en mi punto ‘prime’ (como dirían los jóvenes ahora) ellos han estado a fuego y a tope. Es maravilloso porque me me animan a seguir en el deporte: ‘haz esto, pa’lante’. Con Belén, mi chica, tengo una gran suerte porque ella también entrena, hacemos viajes en bici en carretera juntos, vamos a bikeparks. Es decir que construyes un ecosistema que favorece, pero si la gente que te rodea no es muy activa, es más difícil.

Mis colegas están locos

Siguen siendo los mismos ‘cabrones’ de toda la vida. Se gastan bromas que sobrepasan todas las escalas, nuestro nivel de humor negro es loquísimo. Pero es cierto que cuando la conversación es más seria la muestra de respeto es total. Te vienen a decir: “te hemos visto en la más absoluta de las miserias, hemos tenido que limpiarte el culo alguna vez, y ahora estás más fuerte que todos nosotros juntos, cabrón”. Y es muy muy bonito.

La ‘suerte’ de encontrarse con el cáncer
No me he atrevido a meter mi nombre en chat GPT a ver qué dice de mí.
Me gusta definirme como ‘un alegre tarao’ que ha tenido la suerte de encontrarse con el cáncer en su vida para poder salir disparado hacia adelante y poder contarle a la gente lo importante que es saber que se va a morir. Y ser consciente de ello no es malo sino una auténtica ventaja porque cuando eres plenamente consciente de que te vas morir, porque es lo que va a pasar, entonces abrazas la vida, y te centras en intentar que –obviamente van a pasar muchas cosas que se van a escapar de nuestras manos porque alguien decida ir a Venezuela a secuestrar a un presidente, que aparezca el COVID, o no sé qué otra mierda, como alguna lesión–, pero independientemente de todas estas contingencias del mapa global, bajo el mínimo control personal tuyo puedes tener y modificar en tu día a día muchas cosas y hacer que sea maravilloso.

“Me gusta definirme como ‘un alegre tarao’ que ha tenido la suerte de encontrarse con el cáncer en su vida para poder salir disparado hacia adelante y contarle a la gente la importancia de saber que se va a morir”

La importancia de comunicar

Eso se ve impulsado por el ecosistema que creas a tu alrededor, no de positivismo sino de realismo. Voy a pedir ayuda si lo necesito, voy a intentar que la gente que tengo cerca esté en las mejores condiciones posibles. Y luego también comunicarlo. Para mí es muy importante eso: la ventana de las redes sociales, de dar conferencias en institutos, universidades, en empresas, en eventos deportivos… “Oye, eres capaz de hacer grandes cosas increíbles. Si este tarao, este tullido que está vacío por dentro es capaz de cascarse mil kilómetros en bicicleta en seis días, ¿de qué no eres capaz tú?
La vida se acaba y no sabes cuándo. La partida se acaba, así que cuanto antes seas consciente de esto, antes vas a intentar que estos pequeños imputs que pueden modificar tu vida sean lo más maravilloso y positivo en tu día a día.

“Oye, eres capaz de hacer grandes cosas increíbles. Si este ‘tarao’, este tullido que está vacío por dentro es capaz de cascarse mil kilómetros en bicicleta en seis días, ¿de qué no eres capaz tú?

‘Si quieres, puedes’, un mensaje perverso que genera frustración

Es muy importante también alejarse mucho del Mister Wonderful, del ‘si yo puedo, tú puedes’. Me parece súper tóxico y muy peligroso. Pepe, un amigo que escribió el prólogo de mi libro, ‘Vacío’, tiene por principio que si tú haces cosas, pasan cosas. No te puedes quedar quieto. Tienes que agitar el árbol porque si no, no va a caer nunca nada. Si no te mueves, no puedes quejarte.

El mensaje del ‘si quieres, puedes’ es muy naif y muy limitante de verdad. Como yo soy un hombre, blanco, heterosexual, en el primer mundo lo tengo todo de cara. Pero, pongamos que soy mujer, negra, lesbiana y en Ghana, por ejemplo. Dile a ella ‘si quieres, puedes’. Es muy fácil el mensaje cuando tu posición es privilegiada.
Objetivamente no es cierto este mensaje motivacional y no hay nada más triste que generar frustración en la gente con lo que estás haciendo.

Con los pies en el suelo

Tengo la suerte de que solamente me conocen mucho en el aspecto deportivo. Sí que es cierto que mi historia atrae a empresas, estamos picando piedra para acudir a ‘La Resistencia’, porque soy muy fans de Broncano. A nivel de comunicación, de transmitir mensajes y de crecimiento de cómo llegar a más gente, ‘La Resistencia’ es una plataforma brutal. Poco a poco me va conociendo más y más gente en el ámbito deportivo. En las carreras la gente me saluda y creo que es muy importante que se me haga raro toda la vida porque, si es así es porque tengo los pies en el suelo.

Las redes sociales, instrumento super poderoso

Soy una persona súper relajada que le gusta estar en su casa montando sus legos, con su chica o solo, en silencio. Me gustan mis espacios. Pero también me parece muy bonito que la gente se acerque por redes sociales. En Instagram, por ejemplo, recibo mensajes todos los días, dándome las gracias o pidiéndome recomendaciones y es una auténtica maravilla.
Al principio vivía con la idea de que las redes sociales son una puta mierda, pero si eres capaz de sensibilizar y movilizar y pasar de pensar que las redes sociales son una trampa a pensar que son una herramienta, un medio para llegar al corazoncito de la gente, entonces se convierten en un instrumento super poderoso para llegar a decenas de miles de personas.
Si mañana no me levantara, con la gente que sé que ha cambiado su enfoque hacia la vida con mi experiencia, mi vida ha valido la pena. Con lo que he hecho estoy contento y emocionado porque ha valido la pena.

Influencer

Mi trabajo es ser influencer, crear contenido para marcas y demás, cosa que me encanta porque además son marcas top: me patrocina Aurum, Merrell, Coros, Q 365, Amax, en fin lo más puntero de las empresas deportivas. Me llaman a los eventos deportivos y es una locura. A mí me flipa, pero tengo mis pies en la tierra, siempre con mucha conciencia de clase, de recordar que eres un ‘currelas’, que vives en un barrio pobre, un barrio de trabajadores… Sí, tienes una casa que es maravillosa con mucha luz pero no dejo de ser un currante.
Una parte que me gusta mucho en las redes sociales es recordarle a la gente que no todo es perfecto en la vida de un influencer, que puedes tener una casa de desastre… colega no todo el mundo tiene una casa de 400.000 euros con piscina. La inmensa mayoría no vivimos así.

Relación con las marcas

Yo no he tenido un padrino o una madrina que te presente y te abra puertas, por mucho que yo tenga una historia detrás. En el mundo de las redes sociales, si no eres una Laura Escanes, si no tienes cientos de miles de seguidores, es muy difícil aunque tengas una historia de vida muy potente. Por eso al principio tuve que picar mucha piedra, pero ahora ya hay marcas que te vienen a buscar o tú hablas con ellas y se establece la relación. Por ejemplo, cuando firmé con Aurum el pasado verano, fue cosa de dos semanas. Les dije “mira, me vais a dar la bici… ¿qué os parece si en vez de montarla yo, me la montáis vosotros? Me voy a entrenar a Pinto (Madrid, donde tiene Aurum la empresa), y regreso en la bici hasta Valencia y la enseño”. Les pareció bien y estrené la bicicleta de carretera haciendo 400 km el primer día.
Como creador de contenido, como influencer, como deportista, mi historia es real.

Juan ‘Vacío’

Hago mucho hincapié en el humor negro. Es muy recurrente y es cierto: estoy vacío por dentro, es mi realidad. A eso se suma que mis colegas, muchos de ellos escritores o poetas, me dicen desde hace ya un montón de años “tú te has vaciado por dentro para llenarte de emociones y llenarte de experiencias”. Y es así.

“Mis colegas, muchos de ellos escritores o poetas, me dicen “tú te has vaciado por dentro para llenarte de emociones y de experiencias”. Y es así”

 

Deportes de resistencia versus alta intensidad

Los deportes de alta intensidad son muy difíciles de gestionar cuando no tienes estómago y el resto de tripas, porque vas a tope de pulsaciones, son impactos muy fuertes en muy poco tiempo, entonces son muy difíciles de gestionar a nivel energético y nutricional. En cambio, en los deportes de resistencia las cargas son mucho más largas pero el nivel de intensidad baja. Trabajas con unas pulsaciones mucho más bajas, puedes comer y luego encima te permite estar muchas más horas contigo mismo. Y a mí me flipa esa idea de compartir con más gente o conmigo mismo eso de ir para arriba para abajo conociéndote y disfrutando, recorriendo sitios, estando en contacto con la gente, pudiendo contarlo… muy bonito.
Siempre en el día a día es deporte es básico, pero para cualquier recuperación quirúrgica, el deporte y el movimiento es todavía más importante. Hacer este tipo de deporte de resistencia tras las cirugías que he tenido yo era lo más recomendable.
Mis colegas me decían ‘anda, tira pa’lante’, porque sabían cómo regulaba yo. Mi familia y los médicos por el contrario decían ‘¿qué haces?, deja de moverte así, deja de hacer el salvaje’. Pero con el paso del tiempo vieron lo fuerte que estaba y lo que servía como ejemplo ya no solamente a gente sin operar sino también a gente operada que empezaba a hacer deporte y empezaba a mejorar su pared abdominal, pasaron de decir ‘deja de hacerlo’ a ‘gracias a que lo estás haciendo’. Mis médicos me ponen como ejemplo en congresos quirúrgicos. Me siento muy orgulloso de que el hospital de Manises, al lado de casa, me tenga como colaborador del equipo directivo porque hacen talleres de deportes, de nutrición, y demás. Y me tienen a mí como una persona de referencia. Enseño a todos los pacientes, jóvenes y mayores, lo importante del deporte y que debe ser una rutina muy básica en el día a día.

El deporte de larga resistencia y la superación de dificultades 

En el deporte de larga resistencia son muchas las horas de esfuerzo, y te encuentras infinidad de perrerías… inclemencias, lluvia, sol, averías, no sabes dónde parar… Y a la vez también atraviesas paisajes preciosos, te lo estás pasando teta, te sientes fuerte… Eso es la vida misma. Y cuando pasas tantas perrerías a nivel quirúrgico, médico y demás ves que es exactamente lo mismo. En el entrenamiento tengo mucha ventaja con compañeros que hacen ultra distancia porque tengo tanto trabajo detrás después tantos procesos quirúrgicos, recuperaciones, experiencias cercanas a la muerte y demás, que vivo con una ventaja constante en la parte psicológica de las carreras de mucha distancia. Porque donde mucha gente se hunde y le cuesta salir, yo a lo mejor me hundo, porque todos nos hundimos, yo el primero, pero me hundo cinco minutos. Te dices mira, corriendo en la montaña o pedaleando, estás donde quieres estar, disfrutando de un paisaje increíble, no estás contando las baldosas de un pasillo empujando el palo de un gotero.
Llevo catorce años practicando deportes de resistencia, y es poquísimo tiempo. Ojalá pueda hacer los siguientes cincuenta.

“En las carreras de ultradistancia, donde mucha gente se hunde y le cuesta salir, yo a lo mejor me hundo, porque todos nos hundimos, pero me hundo cinco minutos. Te dices estás donde quieres estar, disfrutando de un paisaje increíble, no contando las baldosas de un pasillo empujando el palo de un gotero”

Gestión y pautas de la nutrición

Yo puedo comer prácticamente de todo, en cantidades un poco más reducidas y cada cuarenta y cinco minutos o una hora a lo más. En un principio tuve que educar la tripa, pero ya han pasado catorce años y de hecho he escrito un libro de recetas titulado ‘Vacío’ en el que cuento cómo fue mi proceso desde que me diagnostican con trece años hasta que nos encierran a todo el mundo por la pandemia.

Al margen de la pura nutrición deportiva de barritas y geles –estoy encantado con ambas–, el que una marca de nutrición como OKRE, con productos que son increíbles, puedan ser utilizados en este tipo de pruebas de ultradistancia es algo que me atrae. Me encanta que se hayan puesto en contacto conmigo porque es una muestra de que si yo puedo tomar esta gama de platos naturales, de cocina artesanal, como hecha en casa, y sin conservantes, cualquier otro deportista puede hacerlo.

Esta mañana por ejemplo he tomado para comer un arroz a la cubana y cenaré pescado. Puedo tomar vuestras lentejas estofadas y cualquiera de vuestros productos liofilizados porque sé que me van a sentar bien. Y el salto de calidad que he visto por la composición y los análisis de nutrición de los productos que ha desarrollado OKRE es notable.

“Puedo tomar las lentejas estofadas y cualquiera de los productos liofilizados de OKRE porque sé que me van a sentar bien. El salto de calidad que he visto en la composición y los análisis de nutrición de los productos de OKRE es notable”

 

 

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